PRESENTADO POR :
Jennifer Paola Vega León
codigo: 1098654863
MOMENTO EVALUATIVO: 3
PRESENTADO A: TUTOR JOSE ALEJANDRO
GRUPO
551068_9
UNIVERSIDAD NACIONAL
ABIERTA Y A DISTANCIA
BUCARAMANGA2016
Cada estudiante deberá consultar el material bibliográfico y audiovisual contenido en la unidad 2 de las referencias bibliográficas dispuestas en el entorno de conocimiento. Se resalta que se debe hacer una lectura crítica de los contenidos y una apreciación crítica del material de la unidad 1. Son los siguientes:
Torralba Francesc. (2012). Ética aplicada al mundo empresarial. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=7YjlGrwUx38
François Vallaeys, 'Virtud, Justicia, Sostenibilidad: Una ética en 3D. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=Vu__jLVnbUI
Revista Selecciones de bioética (2004). Instituto de Bioética-cenalbe. Bogotá, Colombia. Disponible en: http://pujportal.javeriana.edu.co/portal/page/portal/Bioetica/1pdfs_docs/Tab/seleccionesNo.5.pdf
Revista Selecciones de bioética (2004). Instituto de Bioética-cenalbe. Bogotá, Colombia. Disponible en: http://pujportal.javeriana.edu.co/portal/page/portal/Bioetica/1pdfs_docs/Tab/seleccionesNo.5.pdf
Morales, P. y Vallés, B. (2013). Discapacidad y reconocimiento:reflexiones desde el prisma de Axel Honneth. Dilémata, 5(13), 189-208. Recuperado de http://www.dilemata.net/revista/index.php/dilemata/article/view/249/276
Guibet, C. y Romañach, J. (2010). Éticas de la diversidad. Una alternativa a la ética de Peter Singer. Dilémata, 2(3). Recuperado de http://www.dilemata.net/revista/index.php/dilemata/article/view/37/52
Cada estudiante deberá tomar postura argumentativamente a partir de las lecturas realizadas, en la que deberá establecer una reflexión crítica sobre el problema ético planteado en el momento anterior y desarrollado en el blog. Estas reflexiones en las que se establece una postura crítica y argumentativa frente al problema ético deberán llevarse al blog para que el mismo sea alimentado con estos contenidos. Capacidad para la argumentación evidenciada desde las reflexiones en las que se establece una postura crítica y argumentativa frente al problema ético deberán llevarse al blog para que el mismo sea alimentado con estos contenidos.
Los videos para el desarrollo para el momento evaluativo 3 aportan una visión más clara en el medio y no ser devorados o decepcionados por una sociedad que esta la cumbre del capitalismo, sumido en el consumismo y derroche; además de los avances tecnologicos, que manipulan la diversidad funcional de la raza humana.
La humanidad
está formada por diversidad, de la misma manera que la naturaleza está llena de
diversidad[1]. Prácticamente no existe ningún ser
humano genéticamente igual a otro, con la excepción de algunos gemelos. En un sentido
biológico, hay diferentes razas, géneros, capacidades y maneras de funcionar,
orientaciones sexuales, y un ser humano es diferente a diferentes edades, etc.
En sentido
social, es decir, a consecuencia de la construcción social que ha tenido lugar
a lo largo de la historia, se han construido otras diferencias entre grupos de
seres humanos: religión, cultura, lenguaje, país de nacimiento, riqueza, clase,
etc.
[1] Según la Synopsis and classification
of living, hasta la fecha se han descrito alrededor de .4 millones de
especies vivas de todo tipo de organismos.
1
Ética
y diversidad
Rousseau fue el
precursor de los esfuerzos que se han desarrollado desde la Ilustración, en el
siglo XVII, para resaltar la justicia, afrontando el hecho de que la
desigualdad y, por lo tanto, la diversidad existente en la naturaleza humana,
no debería llevar a la desigualdad social en el acceso a la justicia y la
libertad.
“… en
lugar de destruir la desigualdad natural, el fundamento constituye, para esa
desigualdad física que la naturaleza puede haber establecido entre los hombres,
una igualdad que es moral y legítima, por la que los hombres, que pueden ser
desiguales en fuerza con inteligencia, se convierten en iguales por convención
y por derecho legal,” (Rousseau, 1762, capítulo 9).
No obstante,
fue principalmente en los siglos XX y XXI cuando los diferentes tipos de
diversidad humana han sido contemplados por diferentes autores, en busca de un
fundamento ético que pudiera proveer justicia, igualdad y libertad a la
sociedad. En el pasado, “la promesa de la ética de la ilustración era que el
conflicto, específicamente el conflicto religioso detonado por la Reforma, se
pudiera resolver manteniendo un respeto universal por la diversidad. La luz de
la razón, una razón supuestamente universal para toda la humanidad iba a
cumplir esa promesa. Por lo tanto, se creía que la razón era la clave para
mantener un marco moral unificado que pudiera tanto respetar como incluir la
diversidad.” (Jakobsen, 1998, 4).
Desafortunadamente,
el conflicto religioso permaneció y permanece incluso hoy, y la justicia no
llegó a los diferentes grupos como las mujeres o las personas que son de otra
raza, las personas con diversidad funcional (discapacidad), etc. Estos grupos
empezaron, en diferentes momentos de la historia, su propia búsqueda de
fundamentos éticos que pudieran proporcionar justicia e igualdad a su gente,
además de un bagaje filosófico para sus luchas políticas.
Desgraciadamente,
estas aproximaciones se han desarrollado siempre para proporcionar fundamentos
racionales y políticos orientados hacia un grupo oprimido o discriminado
determinado. Normalmente, estos grupos han ignorado, tanto en lo político como
en lo ético, al resto de las diversidades que existen en la sociedad, e incluso
el resto de las diversidades que existen dentro de un mismo grupo,
reproduciendo un patrón uniforme del grupo simple, ignorando su propia
complejidad[1].
Así, en
lo que respecta al feminismo:
[1] A pesar de ello, el deseo de defender a una
minoría no lleva necesariamente a propuestas desviadas o unilaterales,
enfocadas exclusivamente en los intereses de los grupos particulares, sino que
además resulta útil para desarrollar aproximaciones conceptuales comprensivas
que pueden tener en cuenta a cada grupo minoritario en su especificidad y
diversidad.
“Las últimas décadas han dado lugar
a repetidos retos para las teorías y prácticas feministas dominantes, que
negaban la diversidad y complejidad de las mujeres que son sujetos en el/los
movimientos feministas. Las mujeres de color, lesbianas, pobres y de clase
trabajadora, mujeres judías, “mujeres del tercer mundo”, radicales sexuales,
mujeres con discapacidad (esta lista no se puede completar nunca), han
cuestionado repetidamente las prácticas políticas y teóricas que estrechaban el
foco del feminismo y reinscribían limitaciones sociales estructurales en las
líneas de la raza, sexualidad, clase, religión, capacidad... (Beck 1982, Moraga and
Anzaldúa 1981, Lorde 1984, Samis 1987, Zandy 1990, Mohanty et al. 1991,
Eiesland 1994).” (Jakobsen, 1998, 1).
Siglos después de la Ilustración,
se han hecho esfuerzos de nuevo para aunar las diferentes aproximaciones
religiosas. “En la última década, ha habido un interesante número de intentos
de formular una ética global. Intentos que
fueron iniciados por líderes ecuménicos y religiosos, pero después se han abierto
paso en un discurso más general, especialmente con la gente de Naciones Unidas.” (Struhl, 2006, 13).
En este esfuerzo se hizo un intento de unir las diversidades religiosas,
culturales y raciales. El resultado de este esfuerzo es la “Declaración hacia una
Ética Global”, cuyos principios son:
“I. Ningún orden mundial nuevo sin
una nueva ética global
II. Una
demanda fundamental: cada ser humano debe ser tratado humanamente
III. Directivas
irrevocables
1. Compromiso
con una cultura de no violencia y respeto por la vida
2. Compromiso
con la cultura de la solidaridad y un orden económico justo
3. Compromiso
con una cultura de la tolerancia y una vida de veracidad
4. Compromiso
con una cultura de igualdad de derechos y de colaboración entre hombres y
mujeres
IV. Transformación
de la conciencia”. (Global
Ethic Foundation, 1993).”
Pero, como se puede observar en las
referencias e ideas anteriores, una parte de la diversidad humana se ha quedado
habitualmente fuera: la diversidad funcional. A pesar de que es claramente “una
de las muchas áreas en las que la igualdad verdadera no precisa un trato
idéntico, si no un trato diferenciado
para acomodar diferentes necesidades sociales”. (Kymlicka, 1992, 113).
Como otra diversidad humana en
lucha por la igualdad, durante las últimas décadas, se ha desarrollado trabajo
teórico alrededor de este grupo, especialmente por parte de sociólogos
británicos como Colin Barnes, Geof Mercer y Tom Shakespeare[1] y por
parte de filósofos morales como Amartya Sen y Martha Nussbaum.
A pesar de estos esfuerzos
teóricos, se ha prestado una atención insuficiente a la diversidad funcional si
la comparamos con el grupo de mujeres o las minorías religiosas, y todavía no
se considera parte de los temas relacionados con la diversidad humana en la
mayoría de disciplinas, probablemente por un motivo bastante sencillo: se ha
utilizado y nombrado como un asunto relacionado con la capacidad, débilmente relacionado con la diversidad, tal como indica claramente la palabra “discapacidad”.
Tan sólo desde el año 2006, en
España y principalmente en español, este tema
ha sido tratado con claridad desde una perspectiva de la diversidad, a
través del nuevo modelo o enfoque de la
diversidad (Palacios Rizzo y Romañach Cabrero, 2006). Este modelo ha sido desarrollado en dos
libros y en varios artículos relacionados con diferentes ámbitos como la
Antropología, Sociología, Bioética, Trabajo Social, Filosofía del Derecho, Filosofía
Moral, Filosofía de la Ciencia, Feminismo, etc., por parte de diferentes
autores de España y Argentina como Miguel Ferreira, Mario Toboso, Soledad
Arnau, Francisco Guzmán, Agustina Palacios, Carolina Ferrante, Manuel Lobato,
Javier Romañach, Antonio Iañez, etc.
Diversidad funcional
(discapacidad) y el modelo de la diversidad. Una elección de nuestra futura
sociedad.
Los activistas de la diversidad
funcional han puesto sus miras en la bioética para buscar modelos teóricos
basados en fundamentos racionales y claros que pudieran facilitar respuestas a
los retos bioéticos relacionados con la diversidad funcional. Estos activistas
también saben que “los mejores debates sobre asuntos morales que necesitan la
claridad y rigor que un filósofo puede aportar tienen lugar en el campo de la
ética médica”. (Singer, 2002, 68).
El resultado de esta actividad tuvo
como respuesta el modelo de la diversidad.
Este modelo o enfoque se ha utilizado para establecer posiciones bioéticas
sobre asuntos relacionados con la diversidad funcional en un segundo libro:
“Bioética al otro lado del espejo”
(Romañach Cabrero, 2009).[2]
El modelo de la diversidad es una extensión o evolución del modelo social de la discapacidad. El modelo social[3] se basó
en las ideas del movimiento de Vida Independiente de los Estados Unidos
(Shapiro, 1994); se puede trazar hasta Michael
Oliver (1983); y fue y todavía es, desarrollado por sociólogos
británicos como Colin Barnes, Geof Mercer y Tom Shakespeare (Barnes, Mercer,
Shakespeare, 1999).
Tal como había ocurrido
anteriormente, el nuevo modelo también está basado en “... el problema de
nuestras obligaciones hacia las generaciones futuras, derribando la presunción
de que la comunidad moral puede estar formada sólo por miembros que existen en
un tiempo o era concretas” (Singer, 2002, 130).
Sabiendo que la sociedad actual
discrimina por motivos de diversidad funcional (Palacios y Romañach, 2006,
55-99), el modelo indica que se debe realizar una elección respecto al tipo de
sociedad que queremos tener en el futuro: “…es un trabajo que se proyecta hacia
la lucha por dar el mismo valor a las vidas de todos los seres humanos que
vayan a existir en él en el futuro” (Romañach, 2009, 59). ¿Queremos una
sociedad futura sin discriminación en la que cada persona sin importar lo
capaz, o inteligente, o productiva, o útil, o con independencia de su capacidad
de andar y correr, de hablar o de oír etc. tenga la oportunidad de vivir y
disfrutar de la vida a cualquier edad? O, ¿queremos una sociedad
discriminatoria en la que sólo las personas que son útiles, capaces,
inteligentes, hábiles, con buena vista y oído etc., sean bienvenidas y se les
permita vivir y disfrutar lo que la sociedad tiene que ofrecer?
La manera en la que nosotros y
nuestros descendientes vivirán en el futuro depende de cómo nos veamos los unos
a los otros hoy. Depende del concepto que tenemos de lo que es un ser humano
hoy y de
si queremos o no seleccionar los seres humanos que se nos unirán en el
futuro. También depende de si queremos ser bienvenidos en nuestra sociedad a
medida que nos hacemos mayores o si tenemos un accidente.
El modelo de la diversidad hace una elección clara: se deben llevar a cabo acciones hoy, para conseguir
una sociedad futura en la que cualquier ser humano sea bienvenido y tenga la
oportunidad de disfrutar en la vida lo que la sociedad tiene que ofrecer. Y
disfrutar esa vida significa facilitar la igualdad de oportunidades a todos de
manera que puedan vivir la vida que quieran vivir, independientemente de su
condición física y en ausencia de restricciones sociales externas arbitrarias.
Esta clara elección no está
presente en los enfoques anteriores, ya que la diversidad funcional nunca ha
sido considerada parte de la diversidad en la filosofía moral, y todos los
intentos de incluirla (Nussbaum, Sen) se han hecho sin la certeza de que la
diversidad funcional es inherente a la humanidad y no es una cuestión médica,
sino social.
En una primera aproximación, esta
lucha se puede considerar limitada a un pequeño grupo de individuos[4] que
quieren dejar de estar discriminados y tener igualdad de oportunidades en una
sociedad opresiva que actualmente no está construida para aceptar plenamente la
diversidad humana.
Por poner un ejemplo, la
accesibilidad al entorno y a los edificios en los países modernos desarrollados
se considera una demanda de aproximadamente el 2% de la población que utiliza
silla de ruedas. El modelo de la diversidad proporciona una manera diferente de
percibir la misma realidad. En los países desarrollados, el 100% de los bebés
son transportados en cochecitos, y existe una probabilidad alta de que
cualquiera que tenga ahora 20 años pueda utilizar una silla de ruedas en el
futuro, si llega a vivir hasta los 90 años.
Desde un punto de vista
estrictamente utilitarista, hacer un entorno completamente accesible
incrementará el nivel de felicidad y confort del 100% de la población (no sólo
los bebés, sino de sus padres y parientes y de cualquiera que al final de su
vida, o en algún momento anterior tenga que utilizar una silla de ruedas
durante un período determinado de tiempo para desplazarse). Esto quiere decir
que es fundamental aceptar que las personas que no pueden andar son una parte
en igualdad de la sociedad y tienen la misma dignidad, y, por tanto, facilitar
soluciones para esta realidad, incrementará el nivel de felicidad[5], ya que
puede crear el mayor bien para cada persona (véase Roberts, 2002).
Esta aproximación no ha sido
considerada anteriormente, porque la desigualdad referida a la diversidad
funcional se ha basado en la “capacidad”, focalizándose en la falta de las
habilidades o capacidades de las personas con diversidad funcional (véase Toboso
y Guzmán, 2009). Centrarse en la capacidad ha sido la aproximación moral
tradicional a la diversidad funcional y siempre ha dejado fuera a un grupo de
gente “que pensamos que carecen de capacidades o cuyas capacidades no han sido
promocionadas” (Palacios y Romañach, 2006, 97); y la discriminación de ese
grupo de personas ha hecho que los modelos tradicionales fueran insuficientes
para conseguir una aproximación teórica sólida con la que se pudieran afrontar
los retos bioéticos. Este enfoque centrado en la capacidad ha servido de base
para diferentes aproximaciones morales como el Enfoque de las Capacidades de
Nussbaum (2006) o la ética utilitarista de Peter Singer (2002).
El modelo de la diversidad rechaza
la capacidad como pieza central de una aproximación filosófica a la diversidad
funcional. La dignidad[6] es el
principal fundamento del modelo de la diversidad; la dignidad se divide en dos
fundamentos o ramas: dignidad intrínseca
y dignidad extrínseca. La primera
está relacionada con dar el mismo valor a las vidas de todos los seres humanos
y la segunda está relacionada con la igualdad de derechos para todas las
personas. La sociedad actual no proporciona ni la misma dignidad intrínseca ni
la misma dignidad extrínseca a las personas con diversidad funcional. Por lo
tanto, resulta necesario desarrollar nuevos modelos teóricos que introduzcan en
el debate bioético el pleno apoyo a la dignidad intrínseca de las personas que
son discriminadas por razón de su diversidad funcional. (Véase Romañach et al.
2009).
El modelo de la diversidad demanda
una nueva aproximación bioética que incluya la voz de las personas con
diversidad funcional[7]
teniendo en cuenta su realidad y su experiencia de vida. El objetivo de este
modelo es garantizar que la comunidad bioética comprenda que las personas con
diversidad funcional no son seres humanos que sufren por ser diferentes, sino
por ser sistemáticamente discriminados e ignorados en razón de su diferencia y
por el hecho de que sus vidas han sido, y todavía son, sistemáticamente minusvaloradas.
El modelo de la diversidad se ha
ido extendiendo teniendo en cuenta consideraciones y propuestas de la
sociología crítica sobre mecanismos de discriminación, a través de los cuales,
ésta tiene efecto en las vidas diarias de las personas con diversidad funcional
(mecanismos basados en técnicas de poder político, en la normalización médica
del cuerpo[8].
También tiene en cuenta la imposición en las prácticas de un habitus (Bourdieu, 1997), orientado por
la normalización.
Como consecuencia, y como resulta
necesario para cualquier evolución social, se hace imprescindible la tarea de
trabajar más profundamente en este análisis para conseguir romper la lógica de
dominación (una dominación impuesta a través de la sumisión, clasificación y
regulación del cuerpo) y para proporcionar herramientas teóricas de una manera
liberadora y alternativa (Romañach et al., 2009).
Desde este punto de vista, este
artículo es una extensión del modelo de la diversidad de manera que cubra y sea
compatible o incluido en otras propuestas de la filosofía moral.
Esta aproximación humanística fue
construida después de realizar un análisis de la realidad bioética social y
legal tal como es vivida y percibida por las personas que son discriminadas por
su diversidad funcional (Romañach et al., 2009). Algunos de los principios
claves del modelo de la diversidad no se encuentran en las propuestas
filosóficas complementarias que se describirán más adelante en este texto, y
por lo tanto este modelo tiene nuevas contribuciones a la propuesta de las
éticas de la diversidad. Los principios fundamentales establecidos en el modelo
son:
La diversidad
funcional es parte de la diversidad humana
La diversidad es
inherente a la humanidad y enriquece nuestra sociedad
La sociedad
debería respetar y proporcionar plena dignidad
a toda la diversidad humana
Para conseguir la plena dignidad para toda la diversidad
humana la sociedad debería:
·
Dar el mismo valor a las vidas de
todos los seres humanos (Dignidad Intrínseca)
·
Respetar los derechos de todas las
personas (Dignidad Extrínseca)
El modelo se basa en el
reconocimiento mutuo, ya que tanto el valor de la vida y los derechos son
“concedidos” por la sociedad, pero también se basa en el auto-reconocimiento;
en la auto-diversidad y en el auto-reconocimiento de la fragilidad de todos los
seres humanos y en el humanismo.
Junto con aproximación feminista,
como es la ética conocida como “ética de la implicación” o “ética del cuidado”
(Noddings, 1984), el modelo de la diversidad contribuye también a proporcionar
una nueva aproximación ética a realidades humanas diferentes y a retos como la
“inDependencia” o situaciones de atención y cuidado. La ética de la implicación
disminuye la tradicional asimetría existente entre las personas con diversidad
funcional y el resto de la sociedad y proporciona una relación de doble vía
entre los sujetos: “Es evidente que aquel por el que nos preocupamos (cared-for) depende del que se preocupa
(one-caring). Pero también el que se ocupa (one-caring) depende de forma
extraña de aquel por el que nos preocupamos (cared-for)” (Noddings, 1984, 48).
Se propone así una nueva interdependencia que acorta la distancia entre los
humanos, incluyendo de alguna manera un estatus menos desigual para la
diversidad funcional. Aún así, conviene resaltar que las éticas de implicación
nunca han tenido en cuenta a la diversidad funcional (Arnau Ripollés, 2009).
Además, el modelo de la diversidad
ha sido utilizado también para cuestionar la suficiencia de modelos teóricos
contemporáneos[9] como la Teoría de la justicia de
Rawls[10] y el enfoque de las Capacidades
(Nussbaum, 2006).
Afrontar el reto de extender el
nuevo marco teórico de la diversidad
Todas las diferentes aproximaciones
teóricas a la diversidad llegan a un punto en el que otras diversidades deben
ser tenidas en cuenta, dada la compleja realidad humana que hay dentro de cada
una de ellas.
“Los retos contemporáneos del
razonamiento moral moderno desde varias perspectivas, han llevado al
reconocimiento de que las demandas morales se hacen dentro de la multiplicidad
moral del mundo social. Este mundo está marcado por la diversidad y la
complejidad-diversidad creada por las diferencias que hay dentro de, y entre,
las personas y una complejidad correlativa creada por el cruce de nuestras
relaciones y las contradicciones resultantes. Los retos al razonamiento moral
han iniciado un apasionado debate sobre la cuestión de si la moralidad puede
realmente ser sustentada en la faz de la diversidad moral” (Jakobsen, 1998, 4).
Así, las diferentes diversidades
que hay dentro del feminismo han dado lugar a diferentes enfoques morales:
“Estos cuestionamientos han venido
de varios movimientos que han articulado
voces feministas morales “diferentes”, womanist, mujérista y lesbiana por nombrar algunas (Gilligan 1982, Cannon
1988, Isasi-Díaz 1993, Hoaglnd 1988) - además de venir de críticas posmodernas
a las concepciones modernas de subjetividad y agencia (Benhabib et al. 1995).
Las relaciones entre, y alrededor de, estas diferentes perspectivas en sus
críticas, son sujeto de intenso debate. Por ejemplo, en Mohanty (1994, 163, fn
4) hace una lectura de “análisis políticos anteriores de las feministas del
Tercer mundo” como una “prefiguración” de lo moderno a lo postmoderno de la
asunción de unidad, mientras que Lugones (1994) hace una
lectura en la que ambas producen diferentes tipos de análisis. Lugones
argumenta que “la literatura posmodernista... va en contra de una política de
identidad y hacia la minimización de la significación política de los grupos”;
mientras que su posición, que también se puede ver en “la literatura del
mestizaje, afirma una compleja versión de la identidad política y una
concepción compleja de los grupos” (475).” (Jakobsen, 1998,4, nota al pie 7).
Estas voces diferentes han surgido
principalmente dentro de ciertos grupos oprimidos en conflicto, y han defendido
cuestiones morales relacionadas con la singularidad del grupo, definido por una
frontera preestablecida que lo separa del resto de la sociedad.
Para superar esa limitación,
algunos filósofos morales como Axel Honneth y Nancy Fraser han desarrollado
enfoques nuevos más amplios que intentan establecer fundamentos y propuestas
comunes en la teoría del reconocimiento mutuo y la redistribución, incorporando
a distintas diversidades. Desafortunadamente, en la actualidad este enfoque no
incluye a la diversidad funcional.
Reconocimiento mutuo y
redistribución
La insuficiencia de una
aproximación única para afrontar los retos morales de la sociedad, requiere un
método más complejo. Tal como describen Honneth y Fraser, los movimientos
sociales se enfrentan hoy al reto de integrar la redistribución y el
reconocimiento:
“Dentro de los movimientos sociales
como el feminismo, por ejemplo, las tendencias de los activistas que miran la
redistribución como la solución a la dominación masculina se van disociando
cada vez más de las tendencias que miran al reconocimiento de la diferencia de
género.” (Fraser y Honneth, 2003,8).
Ambos autores consideran la
redistribución y el reconocimiento como los asuntos clave para las futuras
éticas de la diversidad. Los orígenes de la redistribución se pueden encontrar
en la tradición liberal, especialmente en la parte final del siglo XX. En esa
parte del siglo, la redistribución fue difundida con fuerza por filósofos como
John Rawls y Ronald Dworkin, en sus teorías de la justicia distributiva.
Intentaron unificar el énfasis tradicional de los liberales sobre la libertad
individual con el igualitarismo de la socialdemocracia, proponiendo nuevas
concepciones de la justicia que pudieran justificar la redistribución
socioeconómica.
La insuficiencia de la “Teoría de
la Justicia” para afrontar la diversidad funcional ya ha sido puesta de relieve
por Martha Nussbaum (2006). Partiendo de las propuestas de Scanlon, Nussbaum
indica que: “O persistimos en nuestra persecución de la doctrina
contractualista, y decimos que las partes contratantes son también personas de
confianza para aquellos que son incapaces de participar; o podríamos decir que
la doctrina contractualista sólo tiene en cuenta un tipo de moralidad:
necesitamos un enfoque diferente para afrontar la realidad de la dependencia
extrema.” (Nussbaum, 2006,136).
Para solventar ese problema, Martha
Nussbaum, siguiendo a Eva Kittay y Amartya Sen, intentó incluir la diversidad
funcional en las teorías contractualistas y propuso el enfoque de las capacidades, fuertemente relacionado con
los derechos humanos (Nussbaum, 2006,150). La propuesta de Nussbaum va más allá
de la teoría de la justicia de Rawls y propone algunas reformulaciones basadas
en las ideas de Kittay y Sen, y una lista de 10 ítems que garantizaría la
dignidad y definiría una justicia social básica. (Nussbaum, 2006,76).
El enfoque de las Capacidades de
Nussbaum representa un paso sólido para incluir la diversidad funcional en la
filosofía moral. Sin embargo, el análisis realizado desde el enfoque o modelo
de la diversidad ya se ha establecido la insuficiencia de su enfoque a este
respecto, ya que "... su enfoque
para soportar la dignidad intrínseca o moral no es sólido ni consistente, ya
que mezcla las teorías del modelo médico, y considera la cura de la diversidad
funcional como una obligación moral para una sociedad justa, enfatizando los
aspectos médicos de una persona que deben ser reparados para acceder a la lista
de "capacidades"" (Romañach, 2009, 36). Por lo tanto, este
enfoque de Nussbaum todavía excluiría a algunos seres humanos que deberían ser
"reparados" para acceder a dicha lista de capacidades, dando por
tanto menor valor a las vidas de estas personas.
Además, incluso cuando los
conflictos de intereses fuesen justamente adjudicados, la sociedad permanecería
normativamente deficiente mientras se negase el reconocimiento que merecen
algunas personas. Y este reconocimiento no es sólo una inalcanzada cortesía que
la gente necesita.
El reconocimiento designa una
relación que estructura y construye la auto-identidad como autoconciencia y una
relación recíproca entre los sujetos, en la que cada uno ve al otro como su
igual pero separado. Uno se convierte en un sujeto individual sólo por la
virtud de reconocer y ser reconocido por otro sujeto. Por lo tanto, el
reconocimiento implica la tesis hegeliana por la que las relaciones sociales
son anteriores a los individuos, y que la intersubjetividad es anterior a la
subjetividad. La teoría del reconocimiento vive ahora un renacimiento, ya que
los filósofos neo-hegelianos como Charles Taylor y Axel Honneth la están
convirtiendo en un asunto central de sus políticas de la diferencia. De hecho,
el reconocimiento "se ha demostrado fundamental para los esfuerzos que se
están llevando a cabo con el fin de conceptualizar las herramientas actuales de
identidad y diferencia. Ya se trate de un asunto de reclamaciones de tierra de
los indígenas, de una palabra clave para las mujeres, del matrimonio
homosexual, o de los burkas o pañuelos musulmanes, los filósofos morales
utilizan cada vez más el término "reconocimiento" para desentrañar
los fundamentos normativos de las demandas políticas. Encuentran que una
categoría que condiciona la autonomía de los sujetos en la mirada
intersubjetiva también, captura bien las esencias morales de muchos conflictos
contemporáneos." (Fraser y Honneth, 2003,1).
Los filósofos del reconocimiento
tienen en consideración el género, la religión, la cultura, la raza y la
orientación sexual, pero la diversidad funcional es omitida consistentemente
como parte de la diversidad, o como parte del conflicto entre la identidad y la
diferencia humanas.
A pesar de esta omisión, el
reconocimiento se puede ver como una parte fundamental de las futuras teorías
éticas sobre la diversidad, ya que no tiene ninguna mención específica que
excluya a la diversidad funcional. Algunos conceptos como la dignidad, que es
un pilar central del modelo de la diversidad, y muchos otros aspectos de la
lucha de la diversidad funcional, como la emancipación y la inviolabilidad de
la integridad física, también se pueden encontrar en las teorías del
reconocimiento.
Sin embargo, es la combinación de
la redistribución y el reconocimiento lo que se considera actualmente como el
camino a seguir para alcanzar la justicia, tal como ha sido apuntado por
algunos autores que trabajan en el reconocimiento:
"Tal como han dejado claro las
luchas sociales de las últimas décadas, la justicia requiere algo más que una
redistribución material de bienes."... "A los miembros de grupos
subalternos y marginados se les ha negado frecuente y sistemáticamente el
reconocimiento del valor de su cultura y modo de vida, la dignidad de su
estatus como personas y la inviolabilidad de su integridad física.
Sorprendentemente en las políticas de la identidad, las luchas por su
reconocimiento han llegado a dominar el panorama político. Consecuentemente, si
la teoría social debe contemplar los campos de conflicto social contemporáneo,
nos corresponde situar la motivación de estas luchas emancipatorias dentro del
mundo social y dar cuenta de lo que las justifica." (Honneth, 1996, X.).
A día de hoy, la relación entre las
teorías del reconocimiento y la distribución y su relación con la diversidad
funcional pueden ser resumidas del siguiente modo: el reconocimiento no excluye
explícitamente a la diversidad funcional pero lo cierto es que tampoco la
incluye de manera directa como cualquier otro tipo de diversidad; la
redistribución ha demostrado ser insuficiente para proporcionar fundamentos
morales sólidos para este grupo de personas.[11]
Por lo tanto proponemos una
extensión de las teorías del reconocimiento y la redistribución que incluya el
enfoque o modelo de la diversidad y que contribuya así a la construcción de un
modelo más amplio y sólido. Incluiría asuntos relacionados con la diversidad
funcional-que afectan al 10% de la población. Proporcionaría más igualdad y
disminuiría la discriminación, incluso quizás la eliminase. Este modelo también
proporcionaría fundamentos teóricos para abordar asuntos bioéticos. Proponemos
llamar a este nuevo enfoque: "Éticas de la diversidad".
Auto-respeto. El enfoque de los
logros sociales fundamentales
A la hora de extender el marco
teórico, es importante incluir un concepto y una demanda de los movimientos
sociales de la diversidad funcional, que no ha sido tenido en cuenta hasta
ahora: el auto-respeto[12]. Este concepto se considera
esencial no sólo para personas con diversidad funcional, sino para el
auto-respeto y la autoestima en toda la diversidad:
"... los sentimientos de dolor
e infelicidad resultantes de la falta de autoestima, pueden ser un foco de
atención social legítimo. En algunos casos, está claro que el hecho de ser
infeliz es una causa legítima de preocupación social, sin importar cómo ha
ocurrido (lo que explica la existencia en Francia, por ejemplo, en los Centros
de psicoterapia clínica). Al menos parece crucial identificar las medidas sociales
adecuadas que pueden contribuir por canales redistributivos a garantizar un
mínimo de logros individuales y sociales que puedan alimentar
positivamente la autoestima de cada uno. La preocupación fundamental de los
logros sociales, expuesta y de manera amplia, demanda que las instituciones y
las políticas sociales tengan en cuenta a los agentes e, indirectamente, sus
logros en la esfera privada. Estas medidas de compensación se enfocarían a los
logros individuales o sus resultados en su dimensión social, asumiendo que los
individuos se hacen responsables de sus logros privados. A diferencia de la
atención enfocada únicamente a capacidades y oportunidades, el enfoque basado
en logros sociales se preocupa por lotes de redistribución, cuando se han completado
los logros individuales, es decir al final del proceso de redistribución. Por
lo tanto, rechaza la noción de responsabilidad, y proporciona justificación
suficiente para las desigualdades sociales o las situaciones en las que la
gente pobre es considerada "no digna de merecer" y en situación de
más desventaja. Finalmente ofrece una manera de reconciliar el deseo del
reconocimiento y la redistribución." (Guibet Lafaye, 2007).
Para el enfoque basado en los
logros sociales fundamentales, la igualdad de los pobres debería ser medida al
final del proceso de redistribución, incluyendo el auto-respeto social. Pero el
reconocimiento no bastaría para garantizarla. Este mismo enfoque puede ser
extendido a cualquier diversidad que necesite tanto reconocimiento como
redistribución, como puede ser el caso de los indígenas, las personas con
diversidad funcional, los migrantes, etc.
Hacia un nuevo enfoque de éticas
de la diversidad
La construcción de las éticas de la
diversidad debería ser realizada de una manera abierta y colaborativa,
manteniendo un esfuerzo constante para incluir nuevos fundamentos e ideas que
tuvieran el mismo objetivo: una sociedad en la que toda la diversidad humana
fuera bienvenida y la igualdad garantizada para todas las personas.
Algunos autores como Honneth y
Fraser han empezado a trabajar bajo estas premisas, desarrollando un marco
común que permite evaluar respuestas divergentes (Fraser y Honneth, 2003,5),
proporcionando un punto de partida que permitiera incorporar elementos
fundamentales para las éticas de la diversidad. Por lo tanto, la puerta
permanecerá abierta para otros desarrollos éticos, que pueden ser incluidos en
las éticas de la diversidad en sus
evoluciones futuras.
Las contribuciones del enfoque o
modelo de la diversidad
Tal como ha sido apuntado, las
teorías de la redistribución excluyeron a la diversidad funcional desde sus
inicios, y ha habido intentos de introducirla dentro de ese marco, pero sus
intentos han sido analizados y han sido considerados insuficientes desde el enfoque
de la diversidad. Aunque las teorías de reconocimiento no excluyen
explícitamente a la diversidad funcional, no la incluyen como cualquier otra
diversidad. Por lo tanto, la inclusión de la diversidad funcional en estas
teorías aportará algunas piezas al puzzle, contribuyendo a la construcción de
un enfoque más sólido.
En primer lugar, el enfoque de la
diversidad se puede extender fácilmente a cualquier diversidad humana: género,
orientación sexual, religión, raza, edad, etc. con sólo quitar la primera fase de sus premisas (véase la
sección 3.1). El resultado sería entonces:
La diversidad es
inherente a la humanidad y enriquece nuestra sociedad
La sociedad
debería respetar y proporcionar plena dignidad
a toda la diversidad humana
Para conseguir la plena dignidad para toda la diversidad
humana la sociedad debería:
·
Dar el mismo valor a las vidas de
todos los seres humanos (Dignidad Intrínseca)
·
Respetar los derechos de todas las
personas (Dignidad Extrínseca)
La concepción de la dignidad, con
su doble faceta de dar el mismo valor a las vidas de todos los seres humanos y
los mismos derechos a todas las personas, se convertiría en una pieza
fundamental de la redistribución y el reconocimiento que significaría
explícitamente dar el mismo valor para las vidas humanas y los mismos derechos
para todas las personas.
Por otro lado, el enfoque de la
diversidad se ha construido a partir de la situación más frágil para cualquier
ser humano, convirtiendo la fragilidad humana en otro principio fundamental de
este nuevo enfoque ético. Todos los seres humanos estamos ligados a la
contingencia, y por lo tanto somos candidatos a este tipo de diversidad, ya que
a lo largo de la vida ocurren accidentes que nos pueden poner en esa situación.
Además, la diversidad funcional es inconscientemente deseada por todos aquellos
que quieren vivir una larga vida, dado que las estadísticas muestran que es
inherente al proceso de envejecer.
Este hecho convierte a la
diversidad funcional no sólo en un asunto de reconocimiento, sino también de auto-reconocimiento. Puede que no sea
frecuente que los seres humanos, voluntaria o involuntariamente, cambien de
raza, género, cultura, orientación sexual o religión, pero nadie puede estar
seguro hoy de lo que pueda ocurrir mañana, por lo tanto todos los seres humanos
son candidatos potenciales a la diversidad funcional. Lo único que falta es la
toma de conciencia de esa fragilidad. De hecho, la toma de conciencia de la
diversidad funcional que todos tuvimos cuando fuimos bebés.
Esta falta de conciencia no es
casual, sino que es consecuencia de las lógicas de dominación: "las
personas con diversidad funcional incorporan las lógicas de dominación a través
de un habitus específico (Bourdieu,
1991) en el que la norma de lo bueno, lo
bello y lo sano queda registrado; por otro lado, el cuerpo es una parte
fundamental de los asuntos de control político regulatorio que provienen de la
bio-política y las tecnologías de la normalización (Foucault, 1992;
1998)." (Romañach et al., 2009).
El modelo de la diversidad establece que la sociedad contemporánea no
proporciona igualdad en la diversidad funcional (Palacios y Romañach,
2006,65-98), que las cuestiones morales tienen consecuencias en las sociedades
futuras, y que se debe adoptar una decisión respecto a los dos tipos futuros de
construcción social: una sociedad no discriminatoria construida para incluir la
fragilidad derivada de la diversidad funcional, entendida como una condición
inherente del ser humano, o una sociedad discriminatoria construida sólo para
personas "normales" y útiles, en la que la fragilidad humana será
considerada como un defecto. El modelo de la diversidad también advierte de que
la "normalidad" es una construcción social consecuencia de las lógicas
de dominación, y no una cuestión biológica.
El enfoque de la diversidad encaja
de manera natural dentro del reconocimiento humano hegeliano que se encuentra
en las tesis de Honneth, en las que el reconocimiento es anterior a la
redistribución, ya que los seres humanos deberían primero reconocer su propia
fragilidad y diversidad y a continuación elegir la redistribución como una
herramienta esencial para garantizar la justicia y los derechos. Y con esos
derechos y los recursos adecuados, se podría establecer un camino fácil para
disfrutar del auto-respeto.
De la misma manera que la sociedad
acepta la fragilidad de un recién nacido y proporciona redistribución para
criar al niño o la niña asumiendo su fragilidad, este concepto debería
expandirse naturalmente a toda la sociedad, a todas las edades y a toda la
fragilidad derivada de la diversidad humana. Y, tal como se ha indicado
anteriormente, esta redistribución debería medirse al final del proceso,
evaluando el autor-respeto y la autoestima individual conseguidos al final del
proceso.
La unión de las piezas
Las nuevas éticas de la diversidad
o del reconocimiento de la diversidad propondrían la ruptura de las lógicas de
dominación con el fin de conseguir el reconocimiento humano básico de su
autorealidad y humanidad. Esa humanidad incluiría inherentemente la
auto-diversidad, que a su vez incorporaría la fragilidad humana como punto de
arranque del progreso social. Como consecuencia, las teorías de redistribución,
siguiendo el enfoque y las políticas de los logros sociales, deberían
desarrollarse para garantizar la justicia y el apoyo a la diversidad social,
porque la diversidad y la fragilidad de otros seres humanos pasarían a ser
reconocidas en nosotros mismos.
A fin de ser coherentes con ese
reconocimiento de la diversidad, la sociedad debería dar el mismo valor a todas
las vidas humanas y dar los mismos derechos a todas las personas, en una lucha
por una sociedad futura en la que toda la diversidad humana fuera bienvenida y
apoyada[13].
Con estas nuevas éticas de la
diversidad, los fundamentos para cuestiones bioéticas, especialmente aquellos
relacionados con la diversidad funcional, formarían parte de una nueva
extensión de las teorías de reconocimiento y redistribución.
Las éticas de la diversidad
frente a la ética de Peter Singer.
Una vez que se ha establecido la
estructura fundamental de las éticas de la diversidad, se está en condiciones
de confrontarla con los argumentos éticos de Singer y poder así demostrar su
fortaleza. Este proceso se realizará en dos pasos. En el primer paso se pondrán
de relieve las incoherencias, contradicciones y asunciones erróneas de las
éticas de Singer. A continuación se compararán las posturas bioéticas de las
éticas de diversidad con las opiniones de Singer y se pondrá de relieve la
diferencia entre las dos sociedades a las que podría dar lugar cada una de las
aproximaciones.
Peter Singer y el estatus moral de los seres
no humanos
La comunidad moral: de la
descripción a la evaluación
La tesis defendida por Peter Singer
es muy original en la filosofía moral, ya que sugiere la extensión de los
límites de la comunidad moral a entidades ónticas -que hasta ahora habían sido
excluidas-, excluyendo otras que hasta ahora habían sido consideradas
indudablemente parte de ella. Para Singer, se trata de adoptar una perspectiva
que rompe definitivamente con el humanismo clásico, en aras al respeto a los
animales:
"Muchos autores cuestionaron
el humanismo, es decir, la doctrina de que todas y sólo las vidas humanas
tienen igual valor, valor absoluto (Glover 1977; Tooley 1983; Rachels 1986;
Kuhse 1997). La visión humanista tiene dos vertientes: una inclusiva que
garantiza un estatus moral privilegiado a todos los humanos, y una exclusiva
que garantiza ese mismo status sólo a los humanos. Al enfatizar la irrelevancia
moral de la pertenencia a la especie, y
argumentar que, por ejemplo, el embrión,
el feto, y las personas en coma no son humanos en el sentido evaluativo, estos
autores minan la vertiente inclusiva del humanismo, y como consecuencia, la
noción tradicional de la comunidad moral. De manera natural, este hecho llevó a
la revisión del estado moral de los no humanos que la ética de la liberación
animal perseguía, a través de la crítica de la vertiente exclusiva del
humanismo (Singer, 2002,131) [14]
La perspectiva evaluativa - más que
descriptiva - que Peter Singer propone sobre la comunidad moral se fundamenta
en criterios de racionalidad, autonomía y auto-conciencia (Singer, 1993, 188).
Estos criterios para establecer la condición de humanidad dejarían de tener fundamentos
ónticos (p. ej. relacionados con la especie) para estar basados en la
"capacidad". Según Singer, lo que es importante no es si la vida es
humana o no humana, sino que desde una perspectiva ética, lo que es de vital
importancia son los intereses y capacidades que ese ser tiene. Basándose en el
principio de la igualdad de consideración de los intereses, Singer argumenta
contra el estatus privilegiado de los humanos y la presunción convencional de
que somos, simplemente porque somos humanos.
La consecuencia de la perspectiva
dual de Peter Singer - descriptiva y evaluativa -sobre las entidades humanas
tiene como resultado la exclusión de algunas de ellas, especialmente
"embriones, fetos, individuos en coma [que] no son humanos en el sentido
evaluativo" (Singer, 2002,131), y los recién nacidos con "una
condición médica incurable" (Singer, 2002, 284). Esta definición de los
límites de la comunidad moral es inseparable de una reinterpretación de las
fronteras de la humanidad y de lo que merece la pena o no ser reconocido como
humano. La cuestión se convierte entonces en:
"La filosofía política parece
no tener problemas con el concepto de persona. Sin embargo no ocurre lo mismo
en la bioética. Aunque la palabra "persona", en su uso corriente, se
utiliza como si significara lo mismo que "ser humano", en los debates
bioéticos, ambos términos no se ven como equivalentes. La mayor parte de los
autores utilizan "persona" al referirse de manera no ambigua al
segundo de los mencionados significados de la palabra "humano", es
decir, en el sentido filosófico de poseer ciertas características como la
auto-conciencia y la racionalidad; éste es un sentido distinto del sentido
biológico de "humano", que significa perteneciente a la especie homo sapiens." (Singer, 2002,133).
De hecho, "a menudo se hace
una distinción entre los dos usos de la palabra "persona", la
descriptiva (también denominada a veces como metafísica) y la normativa (o
moral). Desde esta perspectiva, decir que un ser es una persona en sentido
descriptivo es aportar cierta información sobre cómo es ese ser, y esto puede
significar que tiene las características a,b,c; por otra parte, utilizar el
término "persona" en sentido normativo es utilizarlo simplemente para
adscribirle propiedades morales - habitualmente algunos derechos o deberes, y
frecuentemente el derecho a la vida - por el simple hecho de ser denominado así
(Feinberg 1980).” (Singer, 2002,133).
Sin embargo, esta postura está muy
lejos de ser unánime. En lo referente al estatus del embrión, el fracaso a la
hora de llegar a un acuerdo en ese debate ha sido ya señalado por Habermas:
"A pesar de estas diferencias,
hay algo que podemos aprender del debate sobre el aborto, un debate que ha sido
mantenido con seriedad durante décadas; el fracaso de todos los intentos de
llegar a una descripción cosmovisional neutral (p.ej. sin prejuicios) del
estatus moral del ser humano que va a nacer, una descripción que sea aceptable
para todos los ciudadanos de la sociedad secular. Una parte describe el embrión
en su primer estado de desarrollo como "un conjunto de células", en
contraposición con la persona que es el recién nacido, al que corresponde la
dignidad humana en sentido más estricto. La otra parte, considera relevante la
fertilización del óvulo, como al principio de un proceso de desarrollo de un
individuo gobernado por sí mismo. Bajo este punto de vista, todo espécimen
determinable biológicamente como perteneciente a la especie es una persona
portadora de derechos fundamentales." (Habermas, 2002,48).
De esta manera surgen dos visiones
irreconciliables sobre la "persona", cuyo uso como fundamento de la
dignidad es problemático:
"fundamentar la dignidad del
hombre en la noción de persona es doblemente problemático. Primero, el concepto
de "persona" establece una dignidad que no es característica del
hombre. Este concepto también se aplica a Dios y a los ángeles (si los hay),
otros seres racionales no humanos e incluso animales poseedores de
autoconciencia. Segundo, esta dignidad no se extiende a todos los hombres: los
embriones, los recién nacidos, los seres humanos en estado de coma, ciertos
tipos de diversidad funcional (discapacidad) mental, etc. son excluidos porque
no exhiben las características de la "persona"." (Bouriau,
2007, 11-12).
Peter Singer propone una
reformulación de este asunto desde una perspectiva moral distinta, que no está
basada en términos ónticos o de especie, sino en términos éticos:
"... una cuestión sobre la que
sólo unos pocos filósofos han apreciado una cuestión crucial no es, como mucha
gente da por hecho, "¿Cuándo se convierte el feto en un ser humano?",
Sino "¿Cuáles son las
características de un ser que hacen que sea malo matar a ese ser?".
Bajo ningún concepto es obvio que la pertenencia a la especie homo sapiens sea lo relevante para la
segunda cuestión. La sensibilidad o incluso una cierta auto-conciencia serían
unas características para elegir más apropiadas.” (Singer, 2002,61).
Esta nueva determinación de los
límites de la comunidad moral y de quién merece respeto - p.ej. no ser
aniquilado - significa que matar a alguien con "sensibilidad o incluso una
cierta auto-conciencia" sería un crimen. Esto incluye a algunos animales,
y desde este punto de vista, no incluiría a determinados seres de la especie homo sapiens. Este es un pilar
fundamental en su tesis para defender la idea de que algunos animales no
deberían ser matados, mientras que sí sería posible matar a algunos seres
tradicionalmente considerados como humanos.
Conclusiones
El objetivo de este artículo es
proponer una extensión sólida y poderosa de las éticas del reconocimiento y la
redistribución: las éticas de la diversidad. Estas éticas refuerzan las
aproximaciones anteriores a través de la inclusión de la diversidad funcional
como parte de la diversidad humana que se debe tener en cuenta en la filosofía
moral, la necesidad de romper las lógicas de dominación y analizar la
redistribución al final del proceso, para garantizar que facilite el
auto-respeto y la autoestima, una cuestión
olvidada en la diversidad.
La inclusión de la diversidad
funcional en las éticas de reconocimiento y redistribución implica la idea del
auto-reconocimiento de la diversidad y la fragilidad en todos los humanos, ya
que todos somos funcionalmente diversos y nos arriesgamos a ser discriminados
personalmente por este motivo. Además, en las éticas de la diversidad se
incluye una aproximación pragmática a la dignidad, basada en dar el mismo valor
a todas las vidas de los seres humanos, proporcionando herramientas para
afrontar los retos bioéticos.
Las éticas de la diversidad se
proponen como una elección del tipo de sociedad que queremos para el futuro, ya
que debemos elegir hoy si en el futuro viviremos en una sociedad no
discriminatoria en la que toda la diversidad humana es bienvenida, y cada
individuo, independientemente de sus diferencias, capacidades y productividad,
tiene una oportunidad de vivir y disfrutar de la vida a cualquier edad; o si
queremos vivir en una sociedad en la que no toda la diversidad sea aceptada,
una sociedad discriminatoria en la que sólo las personas que son útiles,
capaces, inteligentes, hábiles, con buena vista y buen oído, etc. sean bienvenidas
y se les permita vivir y disfrutar de lo que la sociedad provee.
Las éticas de la diversidad eligen
claramente la primera opción y han sido confrontadas con la ética de Peter
Singer, que ha elegido la segunda opción, mostrando sus debilidades e incoherencias.
También se han expuesto posturas bioéticas que son coherentes con la elección
de una sociedad futura en la que todos los humanos tendrán derecho a la
justicia y a la igualdad, ya que necesitamos una sociedad distinta de la que
tenemos hoy, una sociedad en las que las desigualdades se reproducen de
generación en generación.
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[1] Recientemente, algunos sociólogos
españoles y argentinos también han desarrollado trabajo en este campo (véase
Romañach et al., 2009).
[2] Sólo existe una versión en español del libro, ya que no ha sido traducido todavía
al inglés (Romañach, 2009).
[3] Las ideas del modelo social se han incluido también en la “Convención
Internacional sobre los Derechos de las personas con discapacidad” de Naciones
Unidas. (Diciembre de 2006).
[4] Un
10% de la población está discriminada por causa de diversidad funcional
[6] La aproximación pragmática al concepto de dignidad del modelo de la
diversidad se realizó tras analizar varios documentos internacionales
relacionados con la bioética y los derechos humanos, realizando un análisis
semántico de su significado en esos documentos.
[7] Conviene resaltar que muchas de las
aproximaciones que se han hecho en este ámbito (p. ej. el modelo de las
Capacidades de Nussbaum), han sido propuestos por personas que no viven esta
realidad diariamente.
[8] Tal como fue puesto de relieve por
Foucault (1992, 1998).
[9] Véase Romañach (2009, 23-28) y Guzmán,
Romañach y Toboso (2009).
[10] Rawls, 1971, tr. sp., 51.
[11] Además, la filosofía moral no se ocupa a
menudo de retos bioéticos como la
selección genética, el aborto, la investigación médica, el estatuto moral del
embrión, etc. Estos temas son de crucial importancia para la diversidad
funcional, ya que las personas con diversidad funcional se ven amenazadas por
las posturas y prácticas de algunos expertos en ese ámbito, incluyendo a Peter
Singer: "nos sentimos amenazados cuando Peter Singer, un profesor de
bioética, escribe: "no parece muy sabio incrementar más el despilfarro de
recursos limitados, incrementando el número de personas con deficiencias”
(DISABLED PEOPLE INTERNATIONAL EUROPE (DPI), 2000).
[12] Tal
como se indica en la filosofía de Vida Independiente: “ Vida
Independiente es una filosofía y un movimiento de personas con discapacidad que
trabajan en la autodeterminación, la igualdad de oportunidades y el
auto-respeto".
[13] De la manera apuntada por Galston (1995).
[14] Esta ambición de la liberación de la condición animal ya había sido
adoptada el pasado: "¿Pero hay alguna razón por la que debamos sufrir para
atormentarlos?. No que yo pueda ver.”... "Puede que llegue el día en el
que el resto de la creación animal adquieran esos derechos que nunca les debían
haber sido retirados, excepto por la mano de la tiranía." (Bentham, 1780, 235).
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